AVUI A POL

Palabras, las justas per M.C. Cánovas

Del sabio, el consejo. Astruells, no te irás nunca.

Los pasillos del viejo Tele/eXpres eran anchos y ruidosos como la calle Aragón donde estaban situados. Allí, a finales de los 70 unos muchachos rebosantes de inquietudes, unos con una sólida preparación, otros con una sólida voluntad, de hierro diría yo, por ser alguien en este mundo de contar cosas levantábamos el vuelo a la sombra de uno de los más grandes personajes que he conocido y conoceré que jamás que se llamaba llamaba Juan José Castillo, o sea "El Jefe". Y junto a él no podías equivocarte si querías llegar lejos. Yo miraba con atención a uno de ellos, de mi misma edad, al que los amigos le llamaban Sito. Su preparación era ya fuerte, como también lo era su predisposición a ayudar siempre al que a veces no sabía por donde tirar, por ejemplo un servidor. Y así empezó una larga carrera. Y una interminable amistad.

Seguimos nuestra andadura en El Mundo, dando el salto de aquella zona regia per fría a las puertas del Raval, al carrer Tallers. Aquello ya era otra cosa...

Más de 40 años haciendo periodismo al lado de Andrés Astruells Femenía dieron para mucho, en todos los órdenes de la vida. Sólo tenías que creer en lo que te decía. Jamás te engañaría. Sus creencias eran pura ayuda. "Esta frase vamos a cambiarla. ¿Ves, qué te parece así? Bien ¿no?... Y lo era. Era un pozo de consejos, de ayuda, de "por aquí vamos a ir mejor". Eran los tiempos delteléfono fijo, de la crónica desde el hotel, de ganar tiempos al tiempo y por eso se ponía al otro lado del teléfono, aquí en Barcelona, de "quedado especial". Y le cantabas lo sucedido, y lo pulía. Y al día siguiente daba gusto ver el trabajo bien hecho por alguien que se dó los dedos en la Olivetti para que el tuyo luciera.

Petronio de la elegancia, le llamábamos. Auténtico gentleman. Gran comedor, gran bebedor, vivió la vida para disfrutarla. Amigo incombustible, hizo que sus amigos también la viviéramos cuando estábamos a su lado. Profesional como la copa de un pino ¿Ustedes se atreverían a afirmar si era del Barça o era del Espanyol? Su ecuanimidad profesional prevalecía sobre todo. Yo sí podría, y poniendo las dos manos en el fuego, pero se queda conmigo. Como su figura, su sentido del humor (mítica su página semanal LA TRASTIENDA) su capacidad humana y profesional. Y por supuesto sus consejos, que nunca me faltaron durante más de cuarenta años.

Por todo eso Andrés no se irá nunca del recuerdo ni mío. Ni de quienes hemos compartido codo con codo más de media vida juntos.

M.C. Cánovas


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