AVUI A POL

Pericospio per Gonzalo de Martorell

Quique nunca será Lezo

Uno de los personajes históricos por los que siento más admiración es Blas de Lezo, un héroe que si hubiera nacido en Boston en vez de en Pasajes llevaría ya cinco películas de Hollywood sobre sus hazañas. A Lezo, cojo, manco y tuerto después de media vida en batallas navales, correspondió en 1741 la papeleta de defender Cartagena de Indias -la más importante plaza española en América- del ataque de la mayor flota nunca vista hasta la fecha. Era tan enorme que, de hecho, solamente sería superada dos siglos después por la reunida para el desembarco de Normandía.

Su oponente -el inglés Vernon- tenía a su mando dos mil cañones, ciento ochenta barcos y treinta mil combatientes mientras que nuestro Lezo apenas tres mil hombres y seis navíos de guerra.

¡Los ingleses estaban tan confiados en su victoria que incluso antes empezar los combates acuñaron ya las medallas conmemorativas!

La batalla fue terrible, durísima... y se convirtió en la mayor derrota sufrida en toda su historia por la Armada Británica.

Lezo destrozó a un enemigo que contaba con una ventaja de 15 a 1 a base de astucia, tesón, agresividad, motivación y conocimiento del terreno. A donde no llegaban sus balas dejó que llegaran los mosquitos y plantó cara a la inferioridad numérica con la movilidad, haciendo que los ingleses se desgastaran atacando una y otra vez sombras. Pese a sus limitaciones físicas era siempre el último en abandonar un baluarte y sus hombres multiplicaban su arrojo cuando le veían repartir estocadas a su lado.

Blas de Lezo y Olavarrieta está considerado desde entonces uno de los mayores genios militares de todos los tiempos y su gesta se estudia en las principales academias militares.

Llegados a este punto pido disculpas por la digresión histórica.

Más allá de mi pasión por las hazañas de "Mediohombre" -así llamaban, por razones obvias, al Almirante español- después de lo vivido en el Camp Nou no he podido evitar pensar en el carácter con el que un verdadero líder se enfrenta a la adversidad, en el valor de su ejemplo... y en cuánto debería QSF aprender del marino guipuzcoano.

Si el almirante Sanchez Flores hubiera defendido Cartagena de Indias imagino que su arenga antes de la batalla hubiera sido del tipo "... chicos... tenemos una desventaja de 15 a uno en barcos y hombres... así que vamos a palmar... pero eso sí, vamos a hacerlo manteniendo la formación. Todos bien fijaditos a sus posiciones en la muralla y a esperarlos hasta que nos aplasten"...

Y claro, la historia sería otra y Cartagena de Indias se llamaría hoy Nueva Westminster.

Creía mucho en Quique; he defendido a capa y espada su idoneidad como entrenador para el Espanyol incluso antes de que llegara al banquillo. Todavía no he perdido mi fe en él, quiero ser sincero, pero digamos que empiezo a flaquear y cada vez me cuesta más creerle. En temporada y media he aprendido de él que admira a Messi, que es buen lector y que está a disgusto con el proyecto y su circunstancia... pero aún no he visto una propuesta de juego -ofensiva, defensiva o mediopensionista, me da igual... pero ALGUNA- y lo que es peor... me da la impresión que continua sin entender qué es el Espanyol.

Quique sigue creyendo que el RCDE es "solamente" el equipo pobre de la ciudad; como lo era su Getafe o incluso el Atlético de Madrid al que entrenó. Sigue sin entender que lo único, absolutamente lo único que aguanta a este club es el sentimiento y que los pericos jamás renunciarán a ese sentimiento ni siquiera bajo la promesa del proyecto futuro de una arcadia feliz.

Caer derrotados en el estadio del equipo de colores suizos entra dentro de lo normal pero lo que el perico exige, sobre todas las cosas, es que contra el Barça se salga siempre a degüello y a rascar lo que haga falta rascar. Vender la derrota tan cara que, al día siguiente, los niños pericos tengan que aguantar los reproches de sus compañeros culés más que sus burlas.

¿Cómo se supone que va Quique a hacerles entender eso a algunos de sus futbolistas si ni él mismo lo entiende?

No, no ha sido la derrota en el Camp Nou lo que ha motivado mi crisis de fe "quiquista".

Han sido la apatía... la nula reacción... las incongruencias... el encorsetamiento... esa incómoda sensación de que QSF ha planteado anímicamente el partido contra el Barça exactamente igual que si fuera contra el Logroñés. Ese ver un equipo timorato, sin garra ni sangre... ese que te metan cinco por incomparecencia... esa ausencia de vergüenza torera que explica que no haya nadie ni en el campo ni en el banquillo capaz de decir "ehhh... tíos... que estamos en un derbi... que estamos jugando contra el rival más odiado... que hay que dejarse el alma... que hay que pelear contra la flota blaugrana y si palmamos... que sea hundiéndoles barcos."

Por eso, definitivamente, tengo claro que Quique Sánchez Flores nunca será nuestro Blas de Lezo.

Pero quizás llegue a ser Edward Vernon; el hombre al que -tras ser humillado en Cartagena- solamente le preocupaba que eso no afectara a su reputación.

Gonzalo de Martorell 


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