AVUI A POL

Palabras, las justas per M.C. Cánovas

La importancia de llamarse López

Pasó eso que llamamos derbi. Pasó el pulso entre un equipo ganador pero en franca decadencia, por mucho que el marcador la maquillara, y otro que sigue lejos de poder competir con solvencia en las alturas, y en eso hemos de darle la razón al Quique que tras golear al Leganés lo expresó con claridad para que nadie se llamara a engaño. Vamos, que los palmeros no se descarnaran las manos por haber metido tres goles a aquel adversario, aunque al otro lado ya están los adictos al Club de Fans de la Gata Flora advirtiendo que se nos escapa la Liga. O sea que vamos a pulsar de una vez el equilibrio que nos falta aún más que el dinero.

El derbi del otro día no fue bueno, pero lo que más le tocó el ánimo al seguidor perico fue la laxitud en que se cayó cuando las cosas se torcieron y muy especialmente al acabar el juego llegando a bailarle el agua al enemigo que te acababa de golear. Eso, cuando tú te vas de donde te odian con un lesionado, producido por un rival, que ha sido determinante para haber podido afrontar el partido con mayores garantías. Un lugar donde los insultos de la grada no van a aparecer al día siguiente, como sucediera recientemente en un derbi de Cornellà, en todo lo que va divulgar el voluminoso aparato propagandístico del régimen. Falta algo más que mover bien la pelota.

Por todo eso, servidor recuerda una vez más, y no se me olvidará nunca, la tarde que la Argentina de Maradona se cayó de la Copa del Mundo en Sarrià. Recuerdo la imagen de un tal Daniel Pasarella abandonando el campo dándole la espalda a toda la parafernalia del final del partido, con su camiseta, la argentina, puesta y sin querer cambiarla con nadie de quienes les acababan de eliminar de la competición. Cuestión de dignidad y de carácter. La que yo, y tantos otros, pedimos para casos como el partido del otro día. El carácter y la dignidad que reflejó David López. Sobreponiéndose a unos momentos vacilantes que propiciaron el primer gol. Dando una lección de entrega y de superación inquebrantables en todo momento y rubricándolo con gol incluido. Luego se gana o se pierde, pero sin laxitud. Con carácter. Con dignidad. Como la que tuvo Pasarella cuando echaron a su equipo a la calle.

Queda campo por recorrer y no sería justo olvidarnos de que en el saco hay nueve o diez jornadas de imbatibilidad en las que el equipo se ha ganado a pulso su estabilidad en la tabla y la perspectiva de mejorarla. Personalmente tengo la seguridad primero de que este equipo se va a seguir moviendo por aguas más que tranquilas, y segundo, porque si tiene la posibilidad de subir escalones no renunciará a intentarlo, como cuando Aguirre dejó en manos del vestuario una vez lograda la permanencia, luchar por algo más ilusionante que quedarse donde estaban. Yo lo creo.

O sea que, coraje, mucho coraje, y dignidad, mucha dignidad. Más que nada para olvidar lo del otro día y volver a la senda positiva.

Y felices Fiestas. A los pericos, claro.

M.C. Cánovas


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