AVUI A POL

Pericospio per Gonzalo de Martorell

De liderazgos y cobardías

Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta y el Corte Inglés no lo vende.
Y esto sirve tanto para Presidentes de Gobierno carentes de empatía como para entrenadores de fútbol timoratos.
Se trata de capacidad de liderazgo.
Se trata de carisma.

La derrota del Espanyol en el Madrigal ha hecho sonar las primeras alarmas. Normalmente lo achacaríamos todos a la natural tendencia al melodrama que nos caracteriza a los pericos. En principio, una derrota contra el Villareal en su casa y en la segunda jornada del campeonato no debería haber abierto tan temprano la caja de los truenos...
Pero lo ha hecho... ¡¡¡caramba si lo ha hecho!!!
La pésima imagen del equipo ante el Getafe y la aún más pésima gestión del segundo tiempo ante el equipo amarillo de Castellón han puesto a Sergio Gonzalez en el punto de mira.
Han bastado dos semanas de planteamientos cobardes ante rivales asequibles y el absurdo caso Diop -un jugador necesario al que se va a ceder simplemente para mantener el status de algunos en el vestuario- para que la sospecha de la relativa falta de autoridad del míster frente a los pesos pesados de la plantilla vuelva a ser puesta en discusión. De hecho, seamos sinceros, ya lo era también la temporada anterior... lo que ocurre es que esos "pesos pesados" eran capaces de ganarte un partido ellos solitos... y estos de ahora, no.
Esa es la gran diferencia; con tipos bregados en mil batallas como García, Moreno, Stuani, Casilla, Colotto, Caicedo... la autogestión podía funcionar.
Con el actual equipo, bisoño aún, es imposible.
Y es en esas circunstancias, precisamente, cuando se necesita un líder, un referente... y cuando se ponen en evidencia las carencias para asumir ese rol de quien debería hacerlo.

Miren, amigos pericos, al final ni siquiera se trata de ganar o perder.
Ni de ser defensivo u ofensivo.
Se trata de orgullo.
Porque si es cierto que se juega como se entrena, aún lo es más que se juega como lo transmite quien entrena.
Todos los entrenadores de primera división saben mucho de fútbol. De verdad, todos.
Sin embargo, sólo unos pocos son capaces de lograr que sus jugadores se sientan orgullosos de jugar a sus órdenes. Algunos de ellos ni siquiera son excepcionales táctica o estratégicamente... pero lo suplen con carisma, carácter, mentalidad ganadora, mala leche, competitividad...
Se me hace difícil pensar que un jugador del Espanyol pueda estar orgulloso de un entrenador que, en el primer partido de la temporada y en su propio estadio, le obliga a defender durante 30 minutos un 1 a 0 contra un Getafe mermado...
No, no lo creo... y si lo está entonces no merece ser jugador del Espanyol.
¿Pero qué narices de mensaje transmites así salvo inseguridad y miedo?

A los pericos no nos ha dolido tanto la derrota en el Madrigal como la forma en que se produjo. Con una segunda mitad cobarde y acomplejada, un banquillo con nombres ilusionantes por estrenar y cambios realizados tarde y mal.
Ir a por los partidos suele ser una buena manera de sacarlos adelante.
Hacer jugar a los mejores, también.
Y si haciéndolo, se pierde el partido... pues se ha perdido... pero no corriendo hasta al agotamiento como pollos sin cabeza por el campo y con la racanería como único argumento futbolístico.
¡Que somos el Espanyol, leche!

Sergio Gonzalez debe asumir ¡ya! el liderazgo que el equipo le reclama a gritos y tomar aquellas decisiones que crea que debe tomar.
No dudo de sus arrestos para hacerlo. Dudo de su voluntad.
No lo tengo por un tipo pusilánime... pese a su insistencia en parecerlo... así que lo intuyo demasiado condicionado por contentar a un vestuario que -a la hora de la verdad- no le saca las castañas del fuego y demasiado preocupado por agradar más a los de dentro que a los de fuera.
Cuenta la historia que cuando Napoleón mandó ejecutar al Duque de Enghien -el último de los nobles franceses de la rama Borbón/Condé- su Ministro del Interior, Joseph Fouché, exclamó llevándose las manos a la cabeza... "Es peor que un crimen. Es un error". Fouché sabía que -con esa ejecución- Bonaparte acababa de ganarse la enemistad eterna de todas las casas reales europeas y que ya no cabría esperar de ninguna familia reinante otra cosa que la beligerancia absoluta.
Ya no había vuelta atrás.
Sergio está todavía muy a tiempo de rectificar y ser ese líder que el Espanyol necesita.
Porque el fútbol, como la guerra, puede admitir algún crimen... pero no admite errores.
Ni cobardías.

Gonzalo de Martorell 


 23/07/2017 Antes un crimen que un error
 05/10/2015 Pau López: no es la calidad. Es el momento
 12/05/2015 Adhesiones inquebrantables
 05/03/2015 Nos hemos equivocado
 17/12/2014 Catadura moral
 22/10/2014 Amores de un día y sexo sin amor
 18/08/2014 Adiós Thievy
 27/05/2014 ¿Y si sale bien?
 29/04/2014 No son sólo ellos. También somos nosotros
 02/04/2014 Otras formas de odiar
1 | 2