AVUI A POL

Pericospio per Gonzalo de Martorell

Adhesiones inquebrantables

A menudo escucho a sesudos pensadores del periodismo lamentarse del desprestigio de la profesión y de la falta de credibilidad que arrastramos los que nos dedicamos a ella. Y aunque tienen razón en los síntomas, erran en el diagnóstico. Porque la culpa la tiene, esencialmente, la profesión misma y su imparable tendencia a confundir periodismo con portavocía y opinión con beligerancia.

Puede que yo esté más pasado de moda que el último LP de Encarnita Polo pero es que a mí me enseñaron grandes maestros de la profesión que "periodismo es contar lo que no se quiere que se sepa y lo demás son relaciones públicas".

El periodismo, efectivamente, es contar cosas. Y también es opinar sobre cosas.

Y mientras la línea que separa la información objetiva y contrastada de la opinión -necesariamente subjetiva y parcial- sea clara y diáfana para el lector, nada dicen los tratados de buen periodismo sobre el que se debe o no se debe opinar.

Con la opinión periodística se da una circunstancia paradójica; la negativa sólo se entiende desde la mala fe y la ignorancia pero la positiva es siempre imparcial y atinada.

Ni se le suele pasar por la cabeza al opinado que el plumilla haya intentado ser igual de honesto en la discrepancia que en el halago.

Y desde la inseguridad, la discrepancia se percibe siempre como beligerancia.

Sé de lo que hablo; cuando dejé de ver algo personal en las críticas a mi trabajo y me centré en intentar aprender de ellas fue cuando de verdad crecí como profesional.

¡¡¡Y me costó... caray si me costó... porque si algo nos sobra al 99% de periodistas es ego!!!

Pero en las plantas nobles del RCDE cualquier crítica al entrenador, al presidente, a los jugadores, a la grada de animación, a la mascota, a la temperatura del agua de las duchas o a sea lo que sea que debe cuestionarse es recibido como un intento de menoscabar el prestigio de la institución.

Como si la actual situación de desprestigio social, económico y deportivo del club fuera responsabilidad de los medios poco afines...

Los propietarios del club temen el debate. Les aterra. Que una cosa es escuchar cuatro silbidos en una mongetada, cigronada o similar y otra muy distinta que te pongan en evidencia con luz y taquígrafos.

Especialistas en acomodar voluntades han conseguido que opinar del Espanyol y de su circunstancia solamente pueda hacerse desde la adhesión inquebrantable a una especie de "arcanos guardianes de la verdad y las verdaderas esencias pericas" más allá de las cuales parece no existir vida españolista inteligente.

Y yo -cumplidos ya los 50- soy poco de adhesiones inquebrantables y de arcanos, lo admito.

Ocurre con las adhesiones inquebrantables que su finalidad última siempre acaba siendo recordarle a quien corresponda, cuando corresponda -es decir, a la hora de repartir las prebendas- que se ha sido de los suyos.

Y con los arcanos... pues que te lo parecen algo menos cuando rascas un poco y descubres que la cortina del oráculo está llena de lamparones.

Yo tengo una ventaja; eso lo admito también.

Ni me gano la vida con el Espanyol ni lo pretendo.

Me pago religiosamente mis dos abonos de tribuna y más allá de un llavero bastante feo con el que me obsequió el club cuando me hice accionista, el RCDE nunca me ha dado nada.

Y profesionalmente, lo que tenía que hacer en el periodismo -mucho o poco- ya lo he hecho tras 25 años de ejercicio. Me asomo a las páginas del POL por amor a unos colores y por aportar, precisamente, un cierto sentido crítico.

Podré estar más o menos acertado pero siempre soy honesto.

Y el día que no pueda serlo, lo dejaré y seguiré yendo cada domingo -como un perico más- a ver a mi Espanyol.

Decimos en catalán que quien tiene el culo alquilado no se sienta donde quiere... así que no pretendo actitudes heroicas de nadie. Pero que, al menos, no ofendan mi inteligencia.

Gonzalo de Martorell 


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