AVUI A POL

Pericospio per Gonzalo de Martorell

Nos hemos equivocado

Nos hemos equivocado, sí. Todos.
Unos más que otros y cada uno en su circunstancia... pero nos hemos equivocado.
Con la mejor intención, por supuesto... y con toda la ilusión... pero nos hemos equivocado.
Nos hemos equivocado con nuestra caravana de motos acompañando al autocar... y nos hemos equivocado con el machacón soniquete raphaelesco... y nos hemos equivocado con tres semanas de continua presencia mediática... y nos hemos equivocado llenando las redes sociales de fotos y mensajes... y nos hemos equivocado sacando pecho antes de tiempo... y nos hemos equivocado hablando tantas y tantas veces de jornada histórica... y nos hemos equivocado, en resumen, apretando demasiado el tornillo de la presión sobre los futbolistas.
Los pericos teníamos tantas ganas de ilusionarnos y de ayudar al equipo que se nos ha ido la mano. Porque lo que pasó en el Power 8 Stadium en la semifinal de Copa no fue un problema de intensidad. Estoy convencido de que cada jugador que salió al campo lo dio todo y que ninguno quería pasar por el desastre que finalmente fue el partido.
Ni siquiera creo que fuera una cuestión de planteamiento táctico. Evidentemente Sergio no tuvo su mejor día y es obvio que se puede cuestionar algún nombre y algún sistema pero, en esencia, ese equipo era el mismo que había ganado con solvencia a Sevilla y Valencia y empatado al Ahtletic Club en su casa.
El verdadero problema fue, precisamente, ese exceso de presión.
Una presión que acabó acogotando y paralizando tanto a los jugadores más bisoños como, sorprendentemente, a internacionales con experiencia como Stuani, Moreno o García.
La semifinal se perdió porque los jugadores no supieron gestionar ni asumir el nuevo rol que se esperaba de ellos. El bloqueo mental y el miedo a fallar y a quedar "retratado" fueron más importantes que el afán por competir y arriesgarse.
De hecho, a los diez minutos de partido la mayoría ya teníamos claro que aquello iba a terminar como el rosario de la aurora y que con el primer gol bilbaíno se habría acabado todo.
La clave ante el Sevilla y el Valencia fue la humildad; chicos -vendría a ser el mensaje- no tenéis nada que perder y mucho que ganar... no sois favoritos... nadie cree en vosotros... así que salid a jugar y hacedlo lo mejor que sepáis...
Pero en la vuelta ante el Athletic Club todo era completamente diferente.
Tenían que estar a la altura de una afición expectante que llevaba días exigiendo una "gran noche" mientras los medios ya debatían sobre qué campo era el más adecuado para jugar la final contra el club de los amigos de Qatar y medio mundo iba a estar observándoles.
Y la responsabilidad les hizo flaquear las piernas.
Duele escribirlo pero los grandes partidos, como el del miércoles en el Power 8 Stadium, sirven tanto para engrandecer a los grandes jugadores como para empequeñecerlos... y, en este caso, a muchos los devolvió a su dimensión real.
Estaría bien que algunos de esos futbolistas -o más bien sus representantes- reflexionaran sobre ello cuando llegue el verano y empiecen a insinuar que el Espanyol se les queda pequeño y que les quiere tal o cual grande de Europa. Y ya puestos, que recuerden que los "grandes de Europa" juegan partidos así cada tres semanas y que, si no saben aguantar la presión, se les puede ver el cartón muy pronto.
No me duele la derrota tanto como la forma en la que se produjo. Me duele, sobre todo, haber perdido la semifinal sin apenas competir y viendo a los jugadores blanquiazules corretear por el césped como gallinas sin cabeza.
Eso es lo que me duele.
Perdimos en Glasgow y pese a la tristeza nos marchamos de Hampden Park orgullosos de la imagen que había dado nuestro Espanyol.
Ayer nos marchamos del Power 8 Stadium preguntándonos qué habíamos hecho mal, en qué nos habíamos equivocado.
Pero que nos hemos equivocado en algo, eso seguro.

Gonzalo de Martorell 


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