AVUI A POL

Pericospio per Gonzalo de Martorell

No son sólo ellos. También somos nosotros

Los pericos solemos mostrarnos orgullosos de serlo incluso en las peores circunstancias y, por esa razón, me disgusta mucho tener que usar la palabra "vergüenza" para referirme a algo que tenga que ver con el RCDE. Pero es que "vergüenza" es lo que sentí este domingo viendo a los jugadores de mi equipo deambular por el campo como gallinas sin cabeza mientras el Almería nos remontaba un partido con dos goles a balón parado y tan poco fútbol que, en muchos instantes del partido, parecía no saber muy bien qué hacer con el balón que tan amablemente le cedíamos.

Llegados a este punto, por tanto, sería este el momento de empezar a cargar las tintas contra el entrenador, los jugadores y -por supuesto- el Consejo de Administración y el Presidente.

Y sería justo y lógico ya que a ellos corresponde la responsabilidad para lo bueno y para lo malo.

Doctores tiene la Iglesia y el POL que han dado ya su opinión sobre lo visto en el césped así que permítaseme, por tanto, una reflexión más allá del calentón mayúsculo con el que todos salimos del estadio el domingo: sin duda fue una vergüenza, sí... pero una vergüenza que ya habíamos vivido antes.

¿O acaso no hemos visto ya esta misma indolencia de los futbolistas con técnicos tan diferentes como Lotina, Valverde o Pochettino? ¿Quizás no se han venido también abajo en cuanto se han sentido salvadas docenas de plantillas antes que la actual? Es imposible que todos los jugadores sean unos diletantes y todos los entrenadores unos blandos desde hace dos décadas...

No son ellos. Somos nosotros.

Es algo estructural; una falta de exigencia y ausencia de ambición tan incrustada en la esencia misma del club que se acaba transmitiendo -como una maldición- de entrenador en entrenador, de plantilla en plantilla, de consejo de administración en consejo de administración... y de afición a afición.

Una de las primeras cosas que aprendí en mis tiempos de estudiante es que jamás debía decirle a mi padre que un examen me había ido bien. En cierta ocasión cometí la imprudencia de confesarle que creía que iba a sacar un "notable" y después sólo saque un "bien". Resulta que aquel examen, que había aprobado con holgura, se convirtió automáticamente en un fracaso.

Yo lo convertí en un fracaso, por lenguaraz.

Así que, desde entonces, a mi padre sólo le aseguraba el suficiente y si después caía el notable... ¡¡¡había superado las expectativas!!!

¿Qué pretendo decir con esto? Pues que el reproche que se le hace a la directiva de no transmitir ambición en su gestión es completamente justificado pero, desengañémonos, desde el área noble del club no se atreverán jamás a exigir públicamente objetivos deportivos más ambiciosos mientras crean que podrán ser usados en su contra en caso de no alcanzarlos.

Es así de simple. Nunca dirán que van a por el notable cuando saben que lo más probable es el aprobado raspado.

Y que desde los despachos no se apriete, a los jugadores y a los técnicos les acaba -obviamente- pareciendo fenomenal... que el año es muy largo y con aguantar en primera esta gente ya se da por satisfecha.

¿Cómo? ¿Que decís del orgullo? ¿Y que la profesionalidad qué...?

Sin duda sería diferente si jugáramos con gente de la casa, implicada y capaz de cargarse el equipo a la espalda... pero jugamos con cedidos, con rebotados y con chavales más o menos de paso para los que el Espanyol no es más que una anécdota.

Ya lo sé; la economía es la que es y probablemente no pueda hacerse más... pero es de ilusos pensar que un futbolista va a poner la pierna y lo que no es la pierna por unos colores que ya no vestirá en un par de semanas. Ningún entrenador del mundo, ninguno, podría convencerle. Ni Aguirre ni Camacho ni el mismísimo Goebbels si le hubiera dado por el fútbol... cosa extraña ya que era cojo.

Se cumple lo justito y a otra cosa... que la temporada próxima me han dicho que hay un club moldavo que se ha fijado en mí y voy a ser la estrella...

Y después está esa parte del españolismo para la que, con pagar el abono y quejarse, ya está todo hecho. Al campo a ver bodrios que vayan los 8.000 de rigor... claro que, a lo peor, los partidos son un bodrio precisamente porque nadie va a meter en las gradas esa presión que falta en los despachos o en los banquillos.

Me cuesta creer que con un Cornellá-El Prat lleno y apretando, los jugadores nos hubieran brindado el bochornoso espectáculo con que nos obsequiaron el domingo.

Guste o no leerlo, lo cierto es que los pericos sólo nos movilizamos o bien cuando estamos con el agua al cuello o cuando se trata de una final.

Pero entre ambas situaciones, para muchos, la misma indolencia que criticamos a los demás.

Un círculo vicioso del que resulta muy difícil salir.

Sin ilusión, no hay gente. Y sin gente no hay ilusión.

Aunque lo verdaderamente preocupante es que nadie, desde el club, parece ser capaz de generar ni una cosa ni otra.

Gonzalo de Martorell 


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