AVUI A POL

Pericospio per Gonzalo de Martorell

Otras formas de odiar

Buena se ha liado con una aparentemente inofensiva reflexión personal que sólo pretendía decir que una buena ironía es mucho más eficaz que un mal insulto!

Incluso me he ganado ya el calificativo de "palmero" con lo cual debo, por cierto, haber batido algún tipo de récord teniendo en cuenta que se trataba de mi segunda columna en el POL.

El caso es que la leo, la releo y la vuelvo a leer y por mucho que la leo una y otra vez no encuentro el párrafo en el que yo he escrito que los culés me caigan bien, que se les deba querer como hermanos y que yo no les odie tanto o más que cualquier otro perico militante.

Tampoco recuerdo haber escrito que cuando nos enfrentamos a ello debamos recibirles en Cornellá-El Prat con guirnaldas.

Y lo de la compasión era una ironía. Lo prometo.

Más bien porque, de puro prepotentes, en ocasiones resultan ridículos.

Lo único que he pretendido decir es que, partiendo de la base de que la inmensa mayoría de los pericos odiamos por naturaleza al club azulgrana, cada uno expresa ese ODIO al equipo de los millones de la forma que cree conveniente y le pide el cuerpo. En mi caso prefiero la ironía y la indiferencia al insulto, porque he comprobado en multitud de ocasiones que les duele más... eso es todo. Pero Dios me libre de decirle a ningún hermano perico lo que debe o no debe gritarles. Y tampoco voy a negar que uno no es Gandhi y que, por lo menos una vez al año, resulta altamente terapéutico olvidar la contención y desahogarse a gusto.

¿Cómo no voy a entenderlo? Con ese Neymar, ese Piqué, ese Alves, ese Busquets... ¡se hacen querer tanto!

Simplemente digo y mantengo que, por ejemplo, los gritos dedicados a esa famosa cantante colombiana en la que se la define como "meretriz" (tengo ya una edad y soy de los que no les gusta escribir tacos en los artículos... ¡qué le vamos a hacer!) no nos hacen ningún favor. Aunque sólo sea porque han servido para darle munición extra a los medios antiespañolistas y para que la Rahola -esa mujer renacentista que igual opina sobre un partido del Espanyol al que no ha ido que de geopolítica mundial, arte abstracto o filosofía epistemológica- haya tenido su enésimo minuto de gloria.

Resulta que en el derbi equipo megasideral jugó como el orto (es que los tacos, en argentino, parecen menos tacos. Por eso este sí lo escribo) y necesitó de la mano amiga de Clos para ganarnos... pero de eso ya no se habló en el Pravdasport ni en el Granma Deportivo ni en las emisoras afines al régimen. Lo importante de verdad fue que el campo del Espanyol es el único estadio de fútbol del mundo en el que se insulta y se gritan inconveniencias al equipo rival. En las gradas del otro, en aquel en el que se albergan "los valores", se cantan amables cancioncillas juveniles y se hacen rondallas. Puro señorío. Es verdad que ese templo sagrado de la educación y la cortesía alguna vez se ha visto mancillado por cabezas de cerdo, pancartas en las que se deseaba la muerte a jugadores o se escuchaban cantos que hacían mofa de nuestro Dani Jarque. Pero eso son anécdotas sin importancia que, de ninguna manera, deberían calificar a una afición que tuvo que parar su proyecto de grada de animación de pago porque se le llenaba de humanistas, poetas, músicos de cámara y librepensadores.

En cambio nosotros insultamos a Shakira porque es mujer y canta en catalán. Es verdad que está casada con un pimpollo barcelonista que se ha explayado en declaraciones contra nuestros colores pero la verdadera raíz del asunto es que los pericos somos misóginos anticatalanes.

Lo ha dicho la Rahola y punto.

En fin, que yo -a diferencia de algunos de mis interlocutores- ni voy a dar lecciones de españolismo a nadie ni voy a mentar a los muertos ni voy a repartir carnets de buen perico o mal perico.

Aquí lo dejo.

Sigo pensando que animar con un poco más de ingenio y un poco menos de zafiedad no nos vendría mal. Mordacidad sobra en la Curva; nos lo ha demostrado en infinidad de ocasiones.

Somos todos pericos y todos defendemos con uñas y dientes el mismo sentimiento.

Cada uno como cree saber hacerlo mejor.

Lamento, sin embargo, que no se pueda discrepar de la opinión de un modesto plumilla sin poner en duda de inmediato su sincera filiación perica o su intención más allá de generar un debate amable entre correligionarios.

Reservemos el odio para otros.

Gonzalo de Martorell 


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