AVUI A POL

Pericospio per Gonzalo de Martorell

Damasco era Cornellá

Iba yo una tarde camino del RCDE Stadium con mi Vespa cuando, de repente, cegado por una luz potentísima estuve a punto de empotrarme contra unos palés de viguetas; las zonas industriales es lo que tienen... que son mucho más prosaicas que el desierto de Siria. El caso es que, aún no estaba recuperándome del susto, cuando una voz resonó con insistencia en mi cabeza: "Quique Sanchez Flores es un falso profeta. Deja de abrazar la fe quiquista y vuelve a la realidad".

Fuera una voz proveniente del más allá blanquiazul o el faro de una furgoneta de reparto de yogures que me pareció justo antes ver doblar la esquina, el caso es que aquello me confundió; aunque no niego mi apostolado perico, mi predisposición al martirio en aras de la creencia blanquiazul languidece en la medida que voy perdiendo la fe en quien me pida el sacrificio.

Y a estas alturas -debo admitirlo- soy ya un descreído con pocas posibilidades de volver al redil sanchezflorista.

Evidentemente asumo de antemano el posible reproche del oportunismo. Si el Espanyol fuera quinto y enamorara con su juego no escribiría todo esto. ¡Por supuesto que no! El fútbol es resultadismo y oportunismo puro y duro y estoy dispuesto a aceptar a Hannibal Lecter en el banquillo blanquiazul si hace ganar a mi equipo... y hasta aplaudiré con entusiasmo si en el interín de la zona técnica se come los higadillos del entrenador rival.

Oportunista quizás... pero pocos aplaudieron más la llegada de Quique al RCDE que este plumilla. Lo defendí por escrito en este mismo medio, en nuestro programa de radio e incluso en el de televisión cuando lo teníamos. Estaba convencido de que su perfil mediático y su seriedad le vendría de perlas a un club cuyo cuerpo técnico se había movido en los últimos años entre las rústicas maneras de Javier Aguirre, la mediocridad de Sergio Gonzalez y la ocurrencia de un Constantin Galca. El de Sánchez Flores se trataba de un perfil perfecto para liderar esta nueva etapa, del mismo modo que también el Espanyol representaba para él la oportunidad de volver a la Liga al frente de un histórico y con todo el poder en sus manos con lo que ello conllevaba de reivindicación profesional. Porque si el Espanyol daba ese anhelado y prometido gran salto hacia arriba, Quique y sólo Quique sería el único responsable. ¿Qué podía salir mal? un nuevo propietario, una mayor inversión, más derechos televisivos, menos agobios con los acreedores, ilusión en la masa social...

El primer aviso serio de que Sánchez Flores lo único que quería era colocarnos una enciclopedia lo tuve en aquel desdichado derbi en el que nada más terminar el partido corrió a abrazarse, cual emocionado "teenager", a Leo Messi para -no satisfecho todavía con eso- explicar en la rueda de prensa posterior cuánto admiraban él y su hijo al portaestandarte del eterno rival. Aquello ya movió un poco la venda en los ojos de algunos... aunque otros lo disculparon por aquello del poco tiempo que llevaba en la casa y su desconocimiento de la realidad españolista.

Yo nunca he trabajado para el Sevilla pero no por eso ignoro que su afición odia a la del Betis.

Y no he entrenado ni a un equipo de futbolín pero tengo claro que Benfica y Oporto se detestan, Roma y Lazio están en guerra permanente, Boca y River mejor ni hablarlo... o incluso que Rangers y Celtic son algo más que meros rivales futbolísticos.

¿De verdad me tengo que creer que Quique Sánchez Flores, el superentrenador, ignoraba que culés y pericos no nos perdonamos ni una y que ese gesto iba a molestar a su nueva afición?

Por supuesto que lo sabía... pero le daba absolutamente igual. Lo importante era el recadito rollo "¿lo ves?... yo me puedo abrazar con él y tu no" que quería mandarle a su archienemigo Luis Enrique.

Ese día, ese instante, entendí mi error: Quique Sánchez Flores no era entrenador del Espanyol.

Quique Sánchez Flores era entrenador de Quique Sánchez Flores y el club debía estarle agradecido por tener en el banquillo a alguien que podía abrazarse con Messi.

Después de la vergonzosa derrota contra el Gerona y la sonrojante rueda de prensa del vendedor de enciclopedias balompédicas tuve exactamente la misma sensación. La burla a la afición, al escudo y a los colores que habíamos sufrido los pericos sobre el césped del RCDE Stadium le daba también absolutamente igual. El mensaje realmente importante era que, en cualquier caso, el club debía seguir estándole agradecido por no haberse marchado en verano a disfrutar de su familia... que era lo que realmente le apetecía.

La decepción mía y de muchos españolistas ha sido inmensa porque todos -quiquistas y no quiquistas- en el fondo esperábamos de él que -pese a todo- marcaría un punto de inflexión en la historia de nuestro equipo.

Cuando me alegré por la llegada de QSF al Espanyol lo hice con la misma honestidad y entusiasmo con las que hoy confieso que me gustaría verle fuera lo antes posible del club de mis amores y desamores. Porque solamente hay una circunstancia peor que un entrenador con ínfulas que no ha dado con la tecla... y es un entrenador con ínfulas que no ha dado con la tecla... y propicia mal ambiente. Creo que a estas alturas la cuestión ya no es cuándo se marchará Sánchez Flores sino cómo se marchará. Si lo hará con un elegante mutis por el foro al acabar la temporada o se irá dejando tierra quemada y haciendo expiar al club el pecado de no haber estado a la altura del inmenso honor que representaba tenerlo a él en el banquillo.

Gonzalo de Martorell


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