¿Sabemos jugar la Liga?

M.C. Cánovas

26/03/2012

El día después de recibir un durísimo varapalo en San Mamés, en una de las dos competiciones europeas, me parece que la Europa League, y de recibir las comprensibles críticas de la prensa por el triste papel de su equipo, ni más ni menos que el histórico Manchester United, a sir Alex Ferguson se le vio en las tribunas del hipódromo de Cheltenham siguiendo con sumo interés las carreras de caballos, una de sus grandes pasiones; un día después su equipo volvía a la competición en la Liga inglesa, y al otro, sir Alex se trasladaba a Vallecas para ver en directo a Michu durante el transcurso del Rayo-Betis, ya que al parecer el asturiano puede ser uno de sus objetivos para la próxima temporada. Vamos, que alteraciones, las justas.

Casi a la vez que transcurría esta breve historia en la fructífera y larga vida, y esperamos que lo siga siendo, del técnico del United, en la Liga española se producía un auténtico tsunami cuando uno de los dos únicos favoritos al título, que había caído en una fase depresiva distanciándose diez puntos del otro de los dos únicos favoritos, le recortaba la distancia a cinco o seis, a falta de diez jornadas o así para acabar la competición. Si a uno u otro de los dos únicos favoritos al título le dicen allá por el mes de agosto pasado, cuando arrancó el juego, si firmaba llegar a tal altura del mismo con la mencionada distancia sobre su único rival para campeonar firmaba, vaya sui firmaba, no sólo tal posibilidad, sino la muerte de Manolete, la leche que el otro día se dio el Concordia y si me apuran el hundimiento del Titánic. Pero no, en vez de darle gusto a la competición se entró en una fase de histeria colectiva que a quienes lo seguimos desde fuera nos parte de risa, al menos a mi.

Y en medio, sale Pochettino diciendo algo palmario: "Si digo que quiero ir a Europa me caen hostias y si me lo callo, me tachan de conformista". Pochettino acertará un día con la táctica y se equivocará otro, natural, pero sabe lo que dice, como cuando insinuó en unos momentos simplemente indecisos la trituradora estaba ya preparada para ser encendida. Toda la razón, no guste o no.
A mi modo de ver cada vez nos cuesta más marcar pausas, los tiempos necesarios entre una victoria y una derrota. Enseguida se dispara la histeria, simplemente de jornada. En octubre querríamos llevarle ya quince puntos al segundo clasificado, si perseguimos el título, o estar ya matemáticamente salvados del descenso si este es el objetivo, o con pie y medio fijo ya en Europa. Somos latinos y como tales nos movemos a golpes emocionales y al momento. Ferguson, al día después del mayor varapalo de la temporada, se fue a ver las carreras de caballos. Aquí, si nuestro ídolo, nuestro técnico, o lo que sea, al día siguiente de una derrota (imaginem os la eliminación ante el gran rival, o ante el Mirandés, para entendernos) le vemos en los toros, a ese sí que le caen hostias, como decía Poche, y de verdad.

El Espanyol, después de encadenar tres resultados positivos (dos victorias y un empate fuera) cayó en casa ante el Málaga. Vi caras compungidas al salir de Cornellà y lo entendía; la mía, la primera, pero como me dijo un aficionado ya en el "carrilet", camino de casa, "no hagamos un drama de la derrota, que el Málaga se ha gastado muchos millones para juga bien a fútbol y a nosotros los 40 puntos no nos los quita nadie". Tenía razón el hombre. Pasar de la euforia a la decepción nos cuesta muy poco. ¿Sabemos jugar, o administrar, como quieran llamarlo, los vaivenes de la Liga?

M.C. Cánovas


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