Pochettino, así no

Carlos Latorre

24/03/2012

Cuando quedan los diez últimos partidos de la competición se inicia el desenlace final o, como decía el gran Camacho, es el tramo decisivo para alcanzar los objetivos más cercanos, y en este caso ya no hay dudas de que las miras están en Europa.

Antes del partido contra el Betis Pochettino sorprendía con unas declaraciones en las que se quejaba de no volver a hablar de tan ansiado objetivo porque tanto si lo hacía como si no se le criticaba. Primer error de nuestro técnico. Que estamos jugando con una plantilla muy justa y peligrosamente joven lo sabe todo el mundo excepto el que quiera engañar o engañarse, y  los que critican de conformista o ilusionista según el objetivo que se marque no son los mismos y están divididos. Con estas limitaciones, hablar de Champions es una peligrosa utopía que convierte la exigencia en obligación y la ilusión en sacrificio, y con ello echarle al equipo una sobrecarga muy difícil de transportar para una plantilla cuya virtud se puede convertir en defecto: la juventud.

Precisamente el partido contra el Betis pudo ser una muestra de todo ello cuando nos ponemos a discutir si debió jugar Weiss en vez de Rui Fonte, o Thievy en lugar de Alvaro, o quizás a Amat por Raul Rodriguez, si al final lo  único que podemos criticar son cualidades, pero no la experiencia que nos hizo falta para empatar el partido. Porque no hay que olvidar que Pandiani nos ha dado 4 puntos cruciales en tiempos de descuento, y uno se para a pensar qué habría sido de partidos como el de Villarreal, Zaragoza  o Levante en casa con el Rifle cargado en condiciones. El juego del equipo en Sevilla, con las expectativas creadas y el objetivo tan definido, fue tan decepcionante como el día del Bernabeu.

Así como un perro acaba pareciéndose a su amo, el juego de un equipo acaba pareciéndose a su entrenador (y sino que se lo pregunten al Real Madrid), y la dinámica de los últimos partidos disputados lejos del aliento de nuestro estadio ha sido dubitativa, lenta y parsimoniosa, retórica, impredecible, sin nervio, indefinida, complaciente... La voz de su amo.

De los nueve partidos que quedan para terminar la liga nos vamos a enfrentar a cinco equipos que merodean con muchas posibilidades los puestos europeos (Málaga, Osasuna, Valencia, At. Madrid y Sevilla), y ahí es donde la plantilla se tiene que convencer de que la posibilidad de de estrenar el nuevo estadio en competición europea está en sus manos. No podemos salir a jugar especulando con la posesión y el tiempo, y el equipo debe ser más rápido en ejecución y más directo. Más insistente y rematador.

Porque lo único cierto es que el equipo ha superado ya las previsiones y los objetivos con los que arrancó en el pasado verano de Perelada, y todo lo que nos van a brindar a partir de ahora tiene que ser producto de la tranquilidad y la ilusión que el cuerpo técnico debe transmitir. Con el miedo y la inseguridad que nos dieron en los dos últimos desplazamientos, no. Pochettino, así no.


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