Petrodolares

Carlos Latorre

25/08/2011

A mi también se me retuercen las tripas y me sube un sudor frio cada vez que ojeo la clasificación histórica de la liga en sus más de 80 temporadas, porque somos el sexto mejor equipo de la historia sólo superados por los dos grandes, el At. de Bilbao, el Valencia y el At. de Madrid.  Y seguimos siendo de entre los grandes, siempre el más modesto.

No le demos más vueltas ni busquemos culpabilidades recientes. El principal problema es la economía y la única solución a 110 años de mediocridad y estancamiento es que venga el sultán de los petrodolares a invertir por capricho en un club de una gran ciudad como Barcelona. Y que me monte un equipo con Carlos Tévez, Adebayor, Fernando Torres, David Silva, Touré Yayá, Boateng, Wrigth Philips y Kun Aguero. Eso es ambición y ese es el único futuro del nuestro y de todos los clubs que quieran mantenerse dignamente por la primera división en los próximos años. Lo demás es malvivir. Sobrevivir en una jungla de equipos fraudulentos que más tarde o más temprano se les descubrirá el entramado de números deficitarios. Y dejemos de poner ejemplos como el Villarreal que se ve obligado a vender a sus figuras y a cobrar de la Champions League para controlar la deuda acumulada en ocho años de despilfarro desproporcionado. O alguien todavía se cree que el At. De Madrid, el club con los números más camuflados de todo el futbol español, puede vender por 40 y comprar nuevos jugadores por más de 60 cuando deben hasta las botas de su plantilla?   Cómo se puede tolerar que equipos en ley concursal / suspensión de pagos, sigan campando a sus anchas por la primera división fichando jugadores y firmando contratos de sueldos millonarios sin que algún estamento deportivo o gubernamental lo impida? Alguien piensa que Osvaldo se hubiera ido si se le hubiera igualado el contrato de un equipo tan mediocre como La Roma?

Esta burbuja futbolística va explotar porque el sistema es insostenible, y el desmadre de impagos en cadena va a provocar el derrumbamiento de la economía de todos los clubes implicados, y sólo los que hayan cogido ventaja se podrán salvar de la quema. Y entonces, seguramente, no nos lamentaremos de ventas obligadas y huidas repentinas, ni miraremos con envidia el verde césped de nuestro vecino.  Porque tras este dura peregrinación de contención y austeridad la mano salvadora del jeque de turno nos impulsará hacia un islam potentado y  opulento, y nos guiará hacia la nueva Meca salvadora. Eso o comprarle un turbante a nuestro presidente.  Seguramente nos saldrá más barato.    


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