Durante una amplia charla telefónica con el “Gran Jefe” Francesc Via, con nuestro Espanyol como epicentro de la misma, éste se me lamentaba, de la escasa información y además nula en el aspecto fotográfico, que nuestros más encopetados medios de información deportiva, habían ofrecido en torno al reciente fallecimiento de nuestro exjugador Antonio Domínguez (QEPD).
Tras colgar el teléfono, me puse a meditar a la vez que memorizar la imagen de dicho jugador y su breve aunque importante paso por Sarriá, más allá de que lo..¿unico y destacable del mismo?, fue que se le apodara “El Corto”. De verdad que no recuerdo que en Sarriá resultara familiar dicho apodo, en todo caso eso debió sucederle en sus comienzos futbolísticos en su Burgos natal o en su brevísimo paso por castizo y cachondo Atlético de Madrid, desde donde llegó al Español. Y ya metido en el tema, recurro a mi personal Historia del Club de mis entretelas y que muchos de vosotros coleccionasteis en su día, para intentar cubrir tan ingrato semiolvido para quien le cupo el honor de protagonizar uno de los más trascendentales partidos de nuestra historia. Hagamos memoria pues…
Interesa precisar y así evitar equívocos, que con Victoriano Oliveras de la Riva en un único año de presidencia 1961-62, el Español descendía por primera vez en su historia a Segunda División, al perder en Valladolid (2-0) y ver superada la mínima ventaja que llevaba (1-0) de Sarriá. Aquel dramático gol de Rodilla, ya en el descuento, le valdría el inmediato fichaje por el club que acababa de ser verdugo. Pero a lo que iba, en aquella alineación decidida por el duo Zamora-Arcas que habían relevado al fracasado José Luís Saso, se alineó un tal Domínguez (cuyo nombre de pila no recuerdo) que había aterrizado en Sarriá de la mano del novel entrenador Ernesto Pons y aconsejado por Odilio Bravo su entrenador en el Universitario barcelonés. Este joven y prometedor Domínguez, jugó aquella infausta temporada culminada en esa triste tarde del 6 de mayo de 1962 en Valladolid, su último partido en blanquiazul, recalando posteriormente en el Mallorca.

En la imagen superior la alineación que consumó el descenso vallisoletano: Joanet, Argilés, Bartolí, Arcas, Abel, Rivas, Gordejuela, Piris; Muñoz, Domínguez, Sastre, Indio y Camps. Y en la imagen inferior, con el Bernebeu como fondo, la alineación que mejor festejó el Dia de la Ascensión: Piris, Muñoz, Bartolí, Riera, Abel, Santos; Boy, Rivas, Idígoras, Domínguez y Castaños.

Y era en el siguiente ejercicio, el de 1962-63 cuando Antonio Domínguez “El Corto”, aterrizaba en Sarriá de la mano de Heriberto Herrera (y no equívocamente en la siguiente 1963-64 y con Perico Soler en el banquillo como se escribe en MARCA) desde el Atleti colchonero capitalino. Llegaba en momentos verdaderamente trascendentales de nuestra historia, tras vivirse una auténtica guerra por la presidencia entre los candidatos Pedro Chias y Cesáreo Castilla, que ganaría este último, el cual afrontó una radical reestructuración de Directiva y plantilla de jugadores. Domínguez formaba la amplia lista de novedades que junto a Heriberto Herrera saltaban al césped de Sarriá para afrontar su primera campaña en Segunda: López, Barrera, Boy, Gatell, Idígoras, Paredes, Poulsen, Regino, Vicente Hernández y nuestro personaje Domínguez. No dispongo de datos para detallar los partidos que jugó y los goles anotados, pero sí que recuerdo que integró en gran parte de aquella campaña el extremo zurdo del ataque formando ala con el exvalencianista Hernández.
Pero sí quiero hacer especial recordatorio por la participación de éste, para mí, importante jugador, en la consecución de la inmediata recuperación de su puesto entre los grandes de nuestro fútbol; logrado un año más tarde, y también tras una aún más dramática promoción ante el Mallorca de parejo recorrido a la anterior. En Sarriá se daba un inquietante 2-1, que obligaba a recordar lo sucedido un año antes en Valladolid. Yen la temida vuelta de Palma se vivió un bochornoso ambiente prefabricado por el entrenador local Turró quien había concedido “bula” a sus hombres en emplear toda clase de métodos para frenar al rival. Dos hechos puntuales “aderezaban” nuestro drama, a un minuto del descanso, nuestro hombre, Domínguez, provocaba un claro penalti cometido por Bolao, que el mismo intententó transformar raso y muy centrado, pero que incomprensiblemente se coló entre las piernas del portero Asenjo. Poco antes, en un libre indirecto que señalaba Ortiz de Mendibil claramente con su brazo alzado, y lanzado con potencia por el uruguayo Bergara (que dos años más tarde vendría al Español) puso erróneamente su mano nuestro portero Piris, y valió el primer gol balear. El desempate llegaba a través de un muy severo penalti cometido por Bartólí, al que le dio el balón en su brazo pegado al cuerpo, y el penalti lo transformaba el exculé Sanpedro, sí el mismo que nos ganó la final de Montjuïc seis años antes. La igualada estaba servida.
Y como en aquellos benditos tiempos, no se estilaban esas injustas prórrogas indefinidas hasta dar un vencedor, en el campo del equipo local con toda la ventaja ambiental y de presión que las mismas comportan, el drama quedaba aplazado para el siguiente jueves, el Jueves de la Ascensión (los mi edad recordarán aquel dicho hoy ya en total deshuso, “Tres jueves hay en el año que relucen más que el Sol, Jueves Santo, Corpus Christi y el Dia de la Ascensión”) en el Bernabeu. Y nunca mejor ni más ajustada nuestra Reluciente Diada. Con el Bernabeu abarrotado de público en su mayoría apoyandoen todo momento a los blanquiazules y que con aquel impresionante cabezazo de Idígoras, nos retornaba a Primera. Pues bien, aquella memorable tarde también tuvo como protagonista a este ANTONIO DOMINGUEZ que nos ha abandonado con más pena que gloria por parte de quienes deberían estar obligados a realizar, en atención a sus lectores, este modesto trabajito recopilatorio, que uno muy gustoso ya no profesionalmente realiza en memoria de quien haya podido aportar su granito de arena en la historia de esta centenaria entidad. Descansa en paz, amigo.